Desde el punto de vista ético, el individualismo como amor propio es un individualismo como derecho, por una parte, de preservar su propia autonomía, y por la otra, como exigencia que tiene este de responder a los demás por sus actos.
No obstante, la posmodernidad a través de la publicidad, la inflación de los objetos y los ocios, el capitalismo de las necesidades ha renunciado a la satisfacción de los ideales en beneficio de los placeres renovados y los sueños de la felicidad privada. Se ha edificado una nueva civilización, que ya no se dedica a vencer el deseo sino a exacervarlo y desculpabilizarlo.
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