De una moral del deber pasamos a una ética del querer, en dónde la ética del amor propio ya no es concebida como una condición del amor a los demás.
Este tipo de mutaciones están dando forma a lo que Lipovetsky ha dado por nombre “un nuevo orden amoroso” donde lo que cuenta es el bienestar individual, en el que se hace prevalecer la felicidad light presentista por encima de las virtudes y deberes.
El diagnóstico que presenta este autor es el siguiente:
- En la transformación operada en la moral sexual, el sexo-pecado ha sido reemplazado por sexo-placer.
- La castidad y la virginidad no son obligaciones morales.
- Las parejas homosexuales no son castigadas y son reconocidas por la ley.
- El porno se ha convertido en un espectáculo.
- La heterosexualidad adulta ya es admitida sin prejuicios.
- El sexo posmoralista debe expresarse sin limitaciones ni tabúes, con la condición de no perjudicar al otro.
- Disociación del sexo de la moral.
- La idea de deberes en la sexualidad suscita sonrisa y la vida virtuosa ya no se entiende como austera disciplina de los sentidos.
- Con las nuevas técnicas de reproducción, la procreación de un hijo sin padre, la maternidad y la paternidad sin relación sexual se han hecho posible.
Así pues, la nueva relación amorosa ya no es “persona-persona” sino “persona-cosa”, exhibiéndose el “derecho individualista a la indiferencia hacia los demás”.